
No es solamente el mercado el que está en crisis, también nuestra conciencia
No es solamente el mercado el que está en crisis, también nuestra conciencia
Por Fernanda Bermúdez

Vivimos hablando de inflación, de inteligencia artificial, de geopolítica, de volatilidad. Repetimos la palabra incertidumbre como si fuera un fenómeno externo, casi meteorológico, pero ¿y si el verdadero problema no fuera el mercado, sino la conciencia con la que lo hemos construido?
En medio de esta poli crisis —climática, social, económica y geopolítica— conversé con Francisco Fernández, director del Centro de Empresas Conscientes del Tec de Monterrey y les adelanto, lo que encontré no fue una receta corporativa ni un manual de ESG, fue algo más profundo: una invitación a cuestionar qué nos trajo hasta aquí.
El Centro de Empresas Conscientes nació hace cuatro años bajo una premisa poderosa: si el Tec fue fundado por empresarios hace más de 80 años, hoy tiene la responsabilidad de repensar el tipo de empresa que el mundo necesita. Inspirado en el modelo de capitalismo consciente de John Mackey y Raj Sisodia, el Centro no busca “humanizar” superficialmente al negocio, sino replantear su filosofía desde México y para México.
Más de 200 empresas ya han participado como “socios formadores”, entendiendo que el aula y la empresa no están separadas. “Nuestro laboratorio es la empresa”, dice Francisco. Y esta frase es clave: no estamos hablando de teoría, estamos hablando de práctica, de impacto real en rentabilidad, sí, pero también en riqueza moral, psicológica, ambiental y social.
Porque ahí está el punto: las empresas no solo generan utilidades, generan cultura, decisiones, futuros.
La pregunta incómoda
Cuando le pregunté cómo enfrentar este nuevo orden global, Francisco respondió algo que pocos líderes empresariales se atreven a decir:
“Primero tenemos que reflexionar qué nos trajo hasta aquí y qué dejamos de hacer.”
Esa frase debería incomodarnos, porque es más fácil culpar a los gobiernos que preguntarnos por qué votamos por ciertos liderazgos. Es más sencillo hablar de mercados que reconocer que el sistema es multifactorial y que la empresa forma parte activa de él.
Si hoy vemos polarización, crisis climática y desigualdad, no es un accidente aislado, es el resultado acumulado de decisiones —corporativas, políticas y sociales— que priorizaron el corto plazo sobre la sostenibilidad sistémica.
El Centro propone algo radical en su sencillez: que empresa, sociedad civil y gobierno funcionen como un triángulo de solución. No como adversarios, sino como corresponsables.
La diferencia entre reaccionar y transformar
No todas las empresas que hablan de sostenibilidad son conscientes. Algunas reaccionan porque el mercado lo exige, otras transforman porque su modelo mental cambió.
Para Francisco, la diferencia está en el despertar: “Las empresas no son entes abstractos. Son personas y dentro de esas personas hay líderes.”
Una empresa consciente reconoce que su modelo de negocio debe generar un ganar–ganar real para todos sus grupos de interés, en el momento en que uno de ellos se ve sistemáticamente dañado, el modelo deja de ser sostenible en el tiempo.
Esta una visión sistémica y también profundamente ética, además, introduce algo que rara vez escuchamos en foros financieros: propósito superior. No como slogan, sino como dirección trascendente. No solo “qué hacemos”, sino “para qué existimos”.
En un mundo donde la mayoría de las personas vivimos en ciudades y trabajamos en empresas, el impacto organizacional moldea la sociedad, nos guste o no.
Inteligencia artificial: ¿amenaza u oportunidad?
La conversación inevitable llegó a la inteligencia artificial y Francisco fue honesto: “Quien diga que tiene claro el impacto total de la IA en las empresas, estaría mintiendo.
La tecnología nos está rebasando en velocidad, pero no en conciencia y ahí está la clave. La IA podrá optimizar procesos, automatizar tareas, incluso generar estrategias, pero no puede sustituir —al menos hasta ahora— la intuición ética, la experiencia humana, la capacidad de discernimiento moral.
Paradójicamente, mientras más avanza la tecnología, más valiosos se vuelven los atributos humanos”.
Francisco hace una analogía interesante con la manufactura esbelta (Lean). Hubo empresas que la adoptaron solo para reducir costos, otras la usaron para empoderar personas, fomentar innovación y distribuir inteligencia organizacional. La herramienta era la misma. La intención marcó la diferencia.
Francisco reflexiona: “Con la IA ocurrirá lo mismo. ¿La usaremos para recortar personas o para elevar su potencial?
Las empresas conscientes podrían tener una ventaja competitiva precisamente porque usarán la tecnología no solo para eficientar, sino para elevar la innovación y la creatividad humana”.
Las tres inteligencias del liderazgo que viene
Mirando hacia los próximos 5 a 10 años —donde el Foro Económico Mundial anticipa mayor volatilidad— Francisco identifica tres inteligencias clave en el liderazgo consciente:
Inteligencia emocional
Inteligencia sistémica (entender cómo todo está conectado)
Inteligencia espiritual (no religiosa, sino la capacidad de trascender el ego y reconocer que buscamos significado)
Pero hay un concepto que me parece especialmente poderoso y en el que Francisco pone especial énfasis: resiliencia valiente.
Resiliencia hemos escuchado mucho, valentía no tanto, pero Francisco es claro: “Valentía cimentada en principios, en ética, en convicciones que se sostienen incluso cuando el entorno invita al miedo y al cortoplacismo.
Porque en épocas de incertidumbre es fácil caer en la narrativa de escasez: “hay que movernos rápido antes de que se reduzca la rebanada del pastel”.
La invitación es otra: pasar del miedo a la valentía, del cortoplacismo a la visión de largo plazo, de la acumulación a la suficiencia. No se trata de frenar el capitalismo, se trata de evolucionarlo”.
La verdadera palanca
Franciso impulsa la reflexión: “Si la comunidad empresarial se paraliza por temor, acelerará la crisis, si decide actuar con conciencia, puede convertirse en la gran palanca de transformación”
El capitalismo consciente no es una moda académica, es una propuesta pragmática: avanzar ante los desafíos con soluciones sostenibles financiera, social y ambientalmente.
En otras palabras, no es el mercado el que está en crisis. Es el modelo mental desde el cual lo operamos.
La pregunta no es si podemos permitirnos transformar la empresa, la pregunta es si podemos permitirnos no hacerlo y quizá, en esta época de quiebre, la verdadera ventaja competitiva no será la tecnología más avanzada, será la conciencia más elevada.

