Entre saber y actuar

La voluntad: entre saber y actuar

April 13, 20266 min read

Entre saber y actuar:

la voluntad que le falta a muchas estrategias de sostenibilidad

Por Juan Felipe Cajiga

Hay algo que he visto repetirse con demasiada frecuencia en empresas, equipos y conversaciones sobre sostenibilidad. La gente sabe. Sabe que el cambio climático importa, que la reputación ya no se sostiene con discursos huecos, que la responsabilidad social no debería seguir tratándose como algo complementario y que la sostenibilidad, cuando se asume con seriedad, puede fortalecer la competitividad y la legitimidad de una organización. Pero... siempre hay un pero! Y, sin embargo, muchas veces no pasa nada de fondo.

No porque falten ideas. Tampoco porque no existan diagnósticos, reportes o incluso buenas intenciones. La pieza que hace falta es algo menos visible, pero mucho más decisivo: la voluntad suficiente para convertir ese conocimiento en prioridad, esa prioridad en decisión y esa decisión en acción.

Ese, me parece, es uno de los puntos más descuidados en nuestro campo. Durante años hemos confiado demasiado en el poder de la conciencia, en la fuerza de la palabra (como si todos debieran confiar ciegamente en lo que decimos), como si informar mejor o sensibilizar más fuera a lograr por sí mismo el cambio esperado. Pero la realidad, nos sugiere otra cosa: entre conciencia y acción hay un gran espacio que no se llena solo: la voluntad.

Y cuando esa voluntad no se construye, la sostenibilidad queda atrapada en un espacio extraño: se entiende, se valora, se menciona, se celebra… pero no transforma. Es como si un impulso electrico en nuestro cerebro, que no encontrara como brincar de una neurona a otra, y que entonces no produce una idea.

He visto organizaciones donde todos parecen estar de acuerdo con la importancia de avanzar y, aun así, cada decisión relevante se pospone. He visto equipos que manejan muy bien el lenguaje de la sostenibilidad, pero no logran que ese lenguaje se vea en cambios reales en sus políticas, en espacios de presupuesto, en prácticas de gobernanza o principios de su cultura.

Aquí aparece de nuevo, aquel personaje del llanero solitiario (como tú o como yo) que está muy comprometido, pero que se desgasta tratando de empujar agendas correctas en contextos donde el problema no es técnico, sino político, cultural, de recursos y humano.

A veces creemos que lo que nos falta es una mejor presentación con un argumento más sólido, o más datos. Y sí, sin duda todo eso puede ayudar. Pero llega un momento en que seguir explicando ya no resuelve nada. Lo que toca entonces es preguntarnos algo más incómodo: ¿la organización realmente quiere moverse?, ¿ha construido la convicción, la capacidad y la disposición necesarias para hacerlo?, ¿o sigue admirando el cambio desde lejos, sin decidirse a entrar en él?

En la empresa esto ocurre más de lo que se admite. Se dice que la sostenibilidad es importante, pero no siempre queda claro qué significa eso cuando hay que elegir entre rentabilidad de corto plazo, coherencia interna, exigencias del mercado o presión reputacional. Mientras no exista una postura clara, lo que hay no es convicción.

Una organización puede hablar maravillas de la ética, del bienestar o del impacto social, pero si todo eso desaparece con la primera presión comercial o con una incomodidad política, entonces lo que había era una postura superficial. La intensidad, se revela cuando el tema deja de ser abstracto y empieza a exigir decisiones.

También hay asuntos sobre los que se tiene una opinión favorable, incluso firme, pero que siguen sintiéndose lejanos. Eso pasa mucho con la sostenibilidad: se le reconoce valor, se le concede espacio en el discurso, pero no siempre se le percibe como algo que toca directamente el trabajo cotidiano, la operación, el modelo de negocio, la cultura o la continuidad de la organización. Mientras no se vuelva relevante para quien decide, para quien opera y para quien lidera, seguirá girando alrededor del negocio, no dentro de él.

Después aparece la capacidad de actuar. Y aquí conviene detenernos un poco más, porque muchas veces pedimos acción donde todavía no hay condiciones para actuar bien. Queremos que los líderes integren criterios ESG, pero no necesariamente les hemos ayudado a traducirlos en decisiones ejecutivas concretas.

Esperamos que los equipos impulsen una cultura responsable, pero no siempre cuentan con herramientas, lenguaje común o margen real de maniobra. Pedimos coherencia, pero no instalamos capacidad. Cuando eso pasa, lo que se produce no es transformación, sino frustración.

Liderar no es solo comprender un problema ni dominar su lenguaje. Liderar es construir las condiciones para que otros puedan moverse con claridad, con sentido y con capacidad. A veces olvidamos eso. Creemos que el reto principal está en convencer, cuando en realidad muchas veces está en movilizar. Esto nos exige bastante más que comunicar bien. Exige leer el contexto, identificar resistencias, entender quién necesita moverse, en qué dirección y qué le impide hacerlo.

A veces en sostenibilidad dedicamos demasiado tiempo a diseñar tácticas sin haber entendido todavía el punto exacto en el que se encuentra nuestra audiencia interna o externa. Y entonces hacemos campañas de sensibilización donde lo que faltaba era capacidad; insistimos con más datos donde el problema era falta de relevancia; o pedimos compromiso donde todavía nadie ha asumido una postura clara.

No se trata solo de impulsar una agenda correcta. Se trata de construir una estrategia más inteligente para mover la voluntad necesaria.

Las organizaciones cambian cuando una idea se vuelve suficientemente clara, suficientemente importante, suficientemente posible y suficientemente asumida como para alterar decisiones reales. Antes de eso, lo que hay es potencial. No transformación.

Y esta reflexión, no solo aplica a las empresas. También nos aplica como profesionales.

Porque si somos honestos, más de una vez nosotros mismos habitamos ese espacio entre saber y actuar. Sabemos lo que habría que plantear, la conversación que ya no deberíamos posponer, la decisión que necesita tomarse o la incoherencia que convendría nombrar. Sabemos, qué tendría más sentido hacer. Lo que todavía no siempre está solida es la voluntad para dar ese paso, sostenerlo y asumir sus consecuencias.

La sostenibilidad no necesita solo más conciencia. Necesita más voluntad organizada. Necesita menos declaraciones y compromisos y más decisiones hechas realidad!

Algunas claves para la acción!!

La primera clave es dejar de asumir que informar equivale a movilizar. No todo lo que se comprende se vuelve prioritario, y no todo lo prioritario se vuelve acción.

La segunda es revisar con honestidad en qué punto está hoy la voluntad dentro de tu organización o de tu equipo. A veces el bloqueo no está en la falta de evidencia, sino en la falta de postura, de relevancia, de capacidad o de disposición real para actuar.

La tercera es diseñar mejor las estrategias de cambio. Antes de pensar en tácticas, conviene entender quién necesita moverse, qué le falta para hacerlo y qué costo percibe en ese movimiento.

Y la cuarta, quizá la más importante, es recordar que la sostenibilidad madura no se demuestra solo con argumentos bien armados. Se alcanza cuando una organización decide, de verdad, tomarse en serio el valor y el costo de ser coherente.

Soy Felipe Cajiga: ciudadano comprometido, mentor y un provocador apasionado de conciencia responsable en el ámbito profesional y empresarial.

En casi 40 años de trabajo he tenido el privilegio de guiar a +1500 líderes y organizaciones en Iberoamérica a transformar su manera de actuar, decidir y crecer, con la responsabilidad social, el propósito y la sostenibilidad como pilares estratégicos.

No me guían las tendencias pasajeras, ni las palabras sin sustancia. Estoy comprometido a apoyar a profesionales  conscientes en su camino, hasta convertirse en verdaderos líderes y agentes referentes de cambio con impacto genuino.

Creo y trabajo por un Movimiento de liderazgo empresarial consciente y responsable que no solo crece, sino que trasciende, regenera y dignifica a las personas, al entorno y al futuro

Juan Felipe Cajiga

Soy Felipe Cajiga: ciudadano comprometido, mentor y un provocador apasionado de conciencia responsable en el ámbito profesional y empresarial. En casi 40 años de trabajo he tenido el privilegio de guiar a +1500 líderes y organizaciones en Iberoamérica a transformar su manera de actuar, decidir y crecer, con la responsabilidad social, el propósito y la sostenibilidad como pilares estratégicos. No me guían las tendencias pasajeras, ni las palabras sin sustancia. Estoy comprometido a apoyar a profesionales conscientes en su camino, hasta convertirse en verdaderos líderes y agentes referentes de cambio con impacto genuino. Creo y trabajo por un Movimiento de liderazgo empresarial consciente y responsable que no solo crece, sino que trasciende, regenera y dignifica a las personas, al entorno y al futuro

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